¡DEJA DE JUZGARME Y ETIQUETARME! ¡PREGÚNTAME POR MIS NECESIDADES!

Actualizado: ene 28

Cuida mejor a tus hijos y a tus relaciones.

¿Conoces a M.B. Rosenberg?

Ha sido uno de los más grandes mediadores de conflictos de toda la historia. Y es también el psicólogo más experto en trabajar, expresar y reconocer las necesidades de los demás.

Además de ser partícipe de muchas reconciliaciones gubernamentales o de parejas, la otra mitad de su vida la ha dedicado a formar a otras personas en el arte de preguntar por las necesidades de los demás. Y de trabajarse y preguntarse también a uno mismo por nuestras propias necesidades.

Pocos lo sabemos hacer. No se enseña en el cole. Poquísimos profesores lo practican. Y las madres y los padres de hoy, pues… estamos en ello. Pero aún falta. Y solemos ser los primeros en “fastidiarla”. Sin embargo, sin este imprescindible ejercicio, de reconocer y aceptar las necesidades, ajenas y/o propias, cualquiera puede caer en juzgar, categorizar, etiquetar y mantener estancado en un estado predeterminado y prejuiciado a una misma, otra persona o un niño.

Etiquetamos.

Y es así como si me pareja quiere más afecto del que yo le estoy dando, ella es “necesitada y dependiente”. Pero si soy yo que quiero más afecto del que ella me da a mí, entonces ella es “distante e insensible”. Y si mi colega de trabajo presta más atención que yo a los detalles, él es “puntilloso y obsesivo”. Pero si soy yo que presto más atención a los detalles, entonces él es “descuidado y caótico”.

Estos “análisis” sin fundamentos son para Rosenberg unas desafortunadas expresiones de nuestras propias necesidades o necesidades nuestras muy mal expresadas.

Son lo que observamos desde nuestros prismas, y no desde el prisma de ellos, los otros. Y carecen de fundamentos. Encima, le duele a quien lo recibe.


¿En qué nos basamos para decir esto? ¿En lo que observamos desde afuera? ¿En lo mucho que sabemos nosotros y conocemos a estas personas?

Rosenberg escribe que son “expresiones y comentarios trágicos” que pueden condicionar toda una vida de una persona con el famoso "Es que siempre me dijeron que yo soy así...", y acabaremos creyéndolo.

Porque cuando expresamos nuestros valores y necesidades, "escupiendo" una intención de esta forma a otras personas, estamos consiguiendo el resultado totalmente a la inversa del que pretendíamos:

- provocamos resistencia y actitud defensiva en estas otras personas. Pues a nadie le gusta ser Juzgado e etiquetado. - y muchos, por miedo, culpa o vergüenza, accederán a nuestro “juicio” y dirán que tenemos razón.

Y todos lo pagamos caro cuando las personas responden a nuestras necesidades - no por el deseo de dar desde el corazón, sino por miedo, culpa, vergüenza y necesidad de ser aceptado y amado...

Tarde o temprano la autoestima disminuye, a la vez que aumenta el resentimiento contra los que hayan juzgado.

Y acabaremos enfadados, los adultos maduros, los que una vez, o muchas, emitimos estos mensajes e etiquetas, pensando “¡Serán desagradecidos! ¡Con todo lo que hemos hecho por ellos!”.

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